“Yo estoy seguro que se rió. ¡Se rió de lo que yo estaba aguantando! Era demasiado. Me metía y me volvía a meter la fresa sobre el nervio. Con toda intención. Nadie me quitará esa idea de la cabeza. Me tomaba el pelo: “que si eso lo aguantaba un niño”. ¿Acaso a ustedes no les han metido nunca esas ruedecillas del demonio en una muela careada? Debieran felicitarme. Yo les aseguro que de aquí en adelante tendrán más cuidado. Quizá apreté demasiado. Pero tampoco soy responsable de que tuviese tan frágil el gaznate. Y de que se me pusiera tan a mano, tan seguro de sí, tan superior. Tan feliz.”
“No hay nada como comer el ojo del enemigo. Revienta entre las muelas como granote de uva, con gustito de mar.”
“¡Antes muerta! –me dijo. Y yo lo único que quería era darle gusto.”
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El libro Crímenes ejemplares de Max Aub, narra las confesiones de diversas personas que en algún momento de sus vidas les dio por asesinar a alguien, explicando los motivos que les hicieron llegar a tan violenta acción. Los relatos se encuentran divididos en cuatro secciones: Crímenes, de suicidios, de gastronomía y epitafios.
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