
“Siga estos consejos y le garantizo que acabará en Bevery Hills con su nombre incluido en el Directors Guild of America. Si desea hacer carrera en los estudios, en primer lugar tiene que escribir a un ejecutivo de su elección y confesarle que usted es uno de los camellos de sus hijos; añada que se siente culpable u que le gustaría tratar el asunto con él. Una vez conseguida la cita, vístase para interpretar su papel. Usted es director de cine, ¿no?. Póngase boina, lleve un monóculo bien sujeto, utilice una boquilla extralarga y cargue con un megáfono. Y sostenga una fusta con la otra mano, si quiere ser realmente atrevido. Cuando la secretaria le haga pasar, grite: “¡Acción!”, y cada vez que el pez gordo diga algo que pueda ser aprovechable, grite: “¡Corten! ¡Positiven!” Por alguna razón insondable el axioma “Es más fácil conseguir 5 millones de dólares que medio millón” parece cierto, así que pida 40 millones directamente. Explique que, como es natural, viaja con usted todo un ejército de gorrones y que están acostumbrados a la buena vida. Hable su lenguaje; él lo comprenderá. Al tratar de “colocarle” sus proyectos, emparéjelos con un éxito reciente, ya que los estudios nunca parecen recordar que los mayores éxitos comerciales fueron, sobre todo, muy originales. Si su proyecto trata de jovencitos que envejecen prematuramente a causa de cierto virus contraído sexualmente y luego se vengan matando a recién nacidos, descríbalo como una película de terror combinando lo mejor de Cocoon y de Regreso al futuro. Una vez se hayan puesto de acuerdo para desarrollar el proyecto, redacte el guión que usted desea filmar y a continuación escriba cuatro versiones inferiores y presente primero la peor. Porque aunque el guión sea excelente, siempre te dicen que lo vuelvas a escribir. Puede ahorrarse bastante tiempo y quebraderos de cabeza dejándoles que se crean que el guión ha mejorado
gracias a ellos.
Seleccione un equipo formado bien por exreclusos o por gente muy sexy o, mejor aún, por personas de ambos tipos. Los presidiarios van muy bien para dar palizas a los representantes de los sindicatos que pretenden fisgonear durante el rodaje, y si ellos o ellas son atractivos, se les puede convencer para que posen desnudos a la hora del almuerzo y vender luego las fotos a revistas porno. Proporcione anfetaminas a los miembros del equipo, así no estarán haraganeando todo el rato. Gritar “¡Dólar! ¡Dólar! ¡Dólar!” a medida que pasan los segundos es una buena manera de recordarle a la gente que hacer cine no es precisamente una fiesta. Secuestrar a una estrella importante y obligarla a protagonizar su película es una forma segura de llamar la atención sobre su proyecto. Ni siquiera tendrá que contratar publicidad. Amenazar con cortarle la oreja a la actriz principal y enviarla por correo al Daily Variety a menos que complete la toma numero cincuenta es una forma efectiva de inspirar al actor. Tenga a un escritor de tres al cuarto en el lugar del rodaje escribiendo La filmación de… para asegurarse una rápida venta de la edición de bolsillo. Haga que los desconocidos actores secundarios se introduzcan en los laboratorios y roben película virgen. “Quieres ser estrella de cine, ¿no? Bueno, veamos hasta que punto”, es motivación suficiente para cualquier aspirante a actor.
Ruede sólo una versión de su película. Destruya inmediatamente todo el metraje sobrante; no lo guarde nunca, porque si no algún productor entrará en la sala de montaje y le sugerirá: “¿Por qué no probarlo de esta otra forma?” No tener el metraje es una excelente manera de protegerse a sí mismo si en el contrato no consta el derecho a decidir la versión definitiva del producto.
Una vez que el filme esté acabado, abarrote de público las salas para los preestrenos furtivos y asegúrese de conseguir una reacción favorable. Coloque estratégicamente a miembros de la claque que simularán tener infartos si es una película de terror, o contrate a los Casanovas del lugar para que se lancen sobre la pantalla
y se la follen, si se supone que es un film sexy. Mejor aún, soborne a algún enfermero para que lleve a la proyección a algún enfermo terminal a fin de que se muera en la sala. Se correrá la coz de manera increíble. Como rodos los distribuidores, exagere muchísimo los ingresos iniciales y venda entonces el filme directamente a un estudio con un enorme beneficio más un porcentaje de taquilla. Cuando la película por fin tenga su estreno mundial, hágase detener por todos sus delitos cinematográficos y alegue “demencia temporal causada por el celuloide”. Si es posible, que le juzguen en Los Angeles, donde la atención será máxima, y llene el jurado de gente de la industria. Le absolverán y finalmente Hollywood le respetará. Las ofertas llegarán más rápidas que la marea y usted nadará en pasta. El Oscar no estará muy lejos, ya lo verá.”
Extracto del libro Majareta de John Waters.
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El director de cine de “peor gusto” John Waters, no habla en este libro de sus mayores obsesiones, placeres y repulsiones. Temas como su gusto por las navidades, su etapa como pedagogo de asesinos, violadores y corruptores de menores en un centro penitenciario, el festival de baile televisivo “The Buddy Deane” que inspiro su filme Hairsprar, etc. son tratados con desmesurado ingenio e ironía. La edición en castellano esta actualmente descatalogada por la editorial, y no parece que tenga ninguna intención de reeditarla.
Son igualmente recomendables, además de por supuesto todas sus películas, los libros “Shock Value”, donde comenta las vicisitudes y tribulaciones que paso durante el rodaje de sus películas, y “John Water: Príncipe inmundo”, libro que recoje su experimento artístico de redirección a base de montajes fotográficos con frames de los filmes o actrices que más le han influenciado. Un hombre al que prácticamente todos le debemos algo.
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