
The Residents es una de las bandas más extraña del planeta, pero también una de las más originales, prolíficas, iconoclastas, divertidas, irreverentes y creativas. Son un cuarteto procedente de San Francisco, y desde que debutaron en 1974 con “Meet The Residents” esa es toda la información que se conoce del grupo. Ni sus nombres ni sus caras son de dominio público. Sólo su música sirve para valorarles, pues ni siquiera hacen declaraciones públicas, que quedan en manos de un portavoz encargado de tratar con los medios las escasas veces en que deciden dar a conocer alguna opinión, siempre referida a su trabajo. Los enormes globos oculares que ocultan su rostro (y que en ocasiones han sustituido por otro tipo de máscaras, dependiendo del espectáculo) se han convertido en su sello identificativo, llevando hasta las últimas consecuencias un voluntario anonimato que contrasta poderosamente con el afán de reconocimiento público que la gran mayoría de músicos suele reclamar. Se adelantaron así al concepto punk (The Damned se fotografiarían con bolsas de papel en la cabeza), que desechaba la megalomanía personalista de las rock stars, pero sobre todo preservaron su libertad compositiva hasta límites insospechados, pues al no tener contacto con el negocio del pop tampoco se vieron contaminados por sus prebendas, y han podido permitirse el lujo de trabajar con absoluta libertad. Hasta el punto de que, también desde su primer disco, publican con una compañía discográfica de su propiedad, Ralph Records, que ha servido como vehículo de edición a colaboradores o artistas afines a su concepto sonoro como Snakefinger o Renaldo and the Loaf.
Evidentemente, nunca han conocido el éxito, y su único parangón musical posible podría encontrarse en los “Mothers of Invention” de Frank Zappa, cuya concepción composítiva era igualmente libre, aunque The Residents van más allá, y pese a que reconocen toda la tradición sonora precedente, sólo la utilizan para crear en beneficio propio, incluso cuando se trata de versiones, a las que son especialmente aficionados. Su labor de deconstrucción de la historia de la música popular es minuciosa y continuada, y por su dislocado prisma pueden pasar Elvis Presley o James Brown, Rolling Stones o Hank Williams, Harry Nilsson o George Gershwin. Todos quedan reinventados tras la aproximación que efectúan The Residents a sus canciones.
Su caos controlado se basa casi por completo en instrumentos electrónicos, lo cual también les otorga un papel determinante en el nacimiento y desarrollo de la música tecno, y su discografía abarca más de treinta álbumes, entre los que es posible encontrar música esquimal tratada con sintetizadores (“Eskimo“, 1979), una trilogía conceptual (sin tercera entrega) protagonizada por topos (“The mark of tbe mole“, 1981); “The tunes of two cities”, 1982; “The li-en tole show”,1983, grabado en directo; y “The big bubble”,1985, cuarta parte de la serie), un LP compuesto por cuarenta canciones de un minuto de duración (“The Residents – Commercial Album“, 1980). canciones de los sesenta reconvertidas en suites de aire nazi (“The Third Reich ‘n’ Roll”, 76), varios discos en directo (el citado “The live mole show” o “The 13th anniversary show; live in Japan”, 87), un repaso a la obra de Elvis Presley (“The king and eye”, 1989) y las bandas sonoras de sus performances en directo (“Cube-E” 1990; “Freak show”, 1990), además de una cuantiosa lista de singles (con algún hit menor, como “Kaw-Liga”, versión de Hank Williams publicada en 1986), colaboraciones, etc.
Sus shows sobrepasan el concepto de concierto en directo para transformarse en espectáculos teatrales de vanguardia en los que música, luz, texto e interpretación se conjugan de forma admirable. El último, “Freak show”, fue estrenado a finales de 1990 en Praga, donde se representó durante un mes. La música, diseño y dirección corrieron a cargo del grupo, que en esta ocasión no actuó, pese a que los protagonistas de la obra son cuatro personajes. De haber sido interpretados por los miembros del grupo, al mostrarse en público habrían mantenido con su habitual ironía un anonimato que ya es leyenda, aunque también es posible que a partir de ahora prefieran organizar los espectáculos y dedicarse a dirigirlos desde las sombras (un cálculo aproximado permite pensar que han pasado ya de los cuarenta años) y concentrarse en el trabajo de estudio, siempre prioritario para sus argumentos sonoros. En cualquiera de los casos constituyen una formación imprescindible tanto por su atipicidad como por sus aportaciones musicales, siempre atrevidas y en primera línea de fuego en lo tocante a experimentación sonora.
Extracto del libro “Historia del Rock” de Eduardo Guillot.
.
Personalmente recomiendo las ediciones en DVD de sus trabajos: “The Residents Play Wormwood”, una performance audio-visual del disco realizada en alemania, “The Residents – Commercial DVD”, con creaciones visuales realizadas por diferentes artistas para cada track del disco, y “The Resident – Icky Flix”, con gran parte de sus más extrafalarios videoclips. Puede leerse otra biografía sobre el grupo aquí.
Usted puede seguir cualquier respuesta a esta entrada a traves de RSS 2.0 feed. Usted puede dejar una respuesta, o trackback desde su propio sitio Web.
Un Comentario:
abril 11th, 2009 a las 5:51
buen comentario, solo abria que corregirle lo de mas de treinta discos por mas de 90. saludos