17
Jul 2010
Beach Party / Bikini Beach
Categoria Cine, Exploitation, Musicales, Serie-b por elfotografociego a la 8:35 pm | 3 Comentarios »

Beach Covers

En Lecciones de amor en Suecia (I´ll Take Sweden, Frederick de Cordova, 1965), el abnegado padre Bob Hope no soportaba que su hija (la siempre desaprovechada Tuesday Weld) tuviera como novio al vago y libertino Frankie Avalon, quien sólo pensaba en pasarse los días de juerga sin dar un palo al agua y, por consiguiente, resultaba el yerno menos indicado para un señor de tan amplios valores como Hope. Un oportuno viaje a Suecia, le hacía ver que, en el fondo, la cosa no estaba tan mal como él pensaba. Aunque Lecciones de amor en Suecia (una más que correcta comedia, dicho sea de paso) tiene sus dosis de playa, bailes, chicas en bikini y música pop, lo cierto es que no llega a los extremos de otras películas paradigmáticas de esta tendencia que tanto se extendió a lo largo de los años 60. Sin embargo, tiene un aspecto digno de señalar que, en parte, delimita y hace ver los derroteros por los que esta especie de subgénero transitó a lo largo de casi una década de existencia: el protagonismo compartido entre Bob Hope y Frankie Avalon. Ello no es, en absoluto, circunstancial, sino un dato muy revelador de la auténtica idiosincrasia de estas producciones: un marcado conservadurismo envuelto en la más absoluta apatía hacia todos los acontecimientos sociales que marcaron uno de los períodos ideológicamente más comprometidos del siglo XX. Bob Hope, como paradigma de la moral tradicional, asentada por su incondicional apoyo al ejército durante la Segunda Guerra Mundial y de su aclamación popular hasta el punto de verse convertido en un símbolo nacional, otorga una vena profundamente reaccionaria a un film sólo en apariencia vinculado a la juventud, ya que Frankie Avalon (por esbozar una analogía, otro símbolo, en este caso, de los veinteañeros) se pliega completamente a los designios y exigencias de Hope, con el único condicionante de seguir con su vida ociosa y festiva. Ésta, de hecho, es una de las características más notorias de éste tipo de cine.

En efecto, en ninguna de las películas que asentarían su presencia en las carteleras se hablaba de la guerra de Vietnam, de los problemas raciales, de los convulsos momentos políticos en Estados Unidos o del cambio que se estaba operando en las nuevas generaciones. Nada de ello importaba lo más mínimo. A lo único que tenía que atender la juventud es a ligar en las playas con las chicas guapas y a disfrutar de cálidas noches escuchando la (para los oídos de un Bob Hope) estridente música que estimule sus caderas. Frankie Avalon (como ya se ha visto, un mero comparsa de la moral tradicional) se convierte en el estandarte de estas producciones de bajo presupuesto, celérico rodaje y consumo inmediato. En Escándalo en la playa (Beach Party, William Asher, 1963) coincide por primera vez con otra presencia habitual del género, Annette Funicello, una morena pizpireta reciclada inmediatamente al medio televisivo al finalizar sus años dorados. Ambos, con la inestimable ayuda de los avispados productores de la AIP (responsables de buena parte de estas cintas) llevan la apatía ideológica a los espectadores coetáneos, blandiendo un espíritu de directo pasotismo ante la coyuntura social que los envuelve. Su posición de “rebeldía” ante las normas establecidas y el consiguiente choque general es completamente superficial, desprovisto de elementos verdaderamente críticos. La sencillez de las historias y la constante presencia de respetados intérpretes como necesario vínculo hacia el cine anterior (Robert Cummings, Brian Donlevy o el gran Buster Keaton), responden a su necesidad por ofrecer un falso espejo de conformismo en una sociedad creada ex profeso para estas películas.

Vistas hoy, sin embargo, producciones como Pajama Party (Don Weis, 1964) o Muscle Beach Party (William Asher, 1964) tienen un valor cercano a la paleontología. No porque estos films se hayan quedado irremediablemente viejos (ya lo eran, de hecho, a comienzos de los años 70, apenas un lustro después de su exhibición comercial), sino por su radical extensión de lo caduco. Resulta hasta cierto punto lógico su espíritu frívolo e insignificante y, de hecho, es ello lo que acaba por conferir a estas producciones un teórico valor, anclado en la escasez de pretensiones. Los años, de hecho, han provocado incluso mutaciones genéricas dentro de sus constantes, apareciendo como obras casi cercanas a la ciencia–ficción. Primero, porque no se puede exponer una visión tan inocua de una parte de la sociedad si no es ateniéndose a preceptos completamente ficticios y fantasiosos.

Por otra parte, porque el surrealismo de sus situaciones (incluso las, aparentemente, más lógicas), unido a cierta tendencia al desequilibrio (y no solo cinematográfico) acaban por completar la vinculación genérica. Un buen ejemplo de ello se puede encontrar en las dos películas en las que intervino Buster Keaton: la mencionada Pajama Party y How to Stuff a Wild Bikini (William Asher, 1965). En ambas su personaje (él mismo, prácticamente) es un claro ejemplo de lo absolutamente marciano e irracional. Un oasis dentro de un inmenso desierto, cuya fusión con el resto del film no puede resultar más desconcertante acrecentando la sensación de hallarnos ante un tipo de cine que escapa completamente de cualquier elemento que lo una con la realidad. La secuencia de los créditos finales de How to Stuff a Wild Bikini, con Keaton bailando junto a un grupo de guapas muchachas en bikini, así lo asevera.

Años después, en Grease (Randal Kleiser, 1978), Frankie Avalon interpretaba a un ángel, producto de las ensoñaciones de Frenchy, quien le aconsejaba que no dejara los estudios o se arrepentiría el resto de su vida. Es decir, moral tradicional (seguir el camino dictado, simbolizado en los estudios) y desapego de la realidad (un ángel)…, por si quedaba alguna duda de todo lo expresado en los anteriores párrafos.

Joaquín Vallet Rodrigo.

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En Beach Party, un antropólogo va a vivir a una casa de las playas de California con el fin de estudiar las costumbres de la juventud de esa zona. Su actitud contraria hacia los chicos cambia cuando una jovencita se enamora de él y descubre que los chicos no son tan malos.

Bikini Beach reúne de nuevo a toda la troupe de jovenzuelos para otras vacaciones de diversion, surf y mucho rock. Alli descubren una peculiar tienda que resulta ser el cuartel general de Potato Bug, una estrella britanica de la cancion, que esta protegido por un inusual guardaespaldas, Lady Bug y sus tecnicas francesas de autodefensa.

Ambos películas dirigidas por William Asher entre 1963 y 1964.

beach frames

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3 Comentarios:

Jordi_999 dijo:

Me encantan las pelis con estetica Camp! Bajando!
Gracias!


hexadigame? dijo:

La vi hace tiempo, y me daba igual el argumento o las interpretaciones. Tan sólo oir la música, ver esa fotografía, esos decorados o las escenas de playa hacen que olvide lo absurdo de su argumento. ¡Hay que verla!


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