Out West es una sátira de los clásicos westerns de la época, protagonizada por Arbuckle y Keaton. Dirigida por Arbuckle en 1918.
El gordito comediante Roscoe “Fatty” Arbuckle, hoy en día más recordado por “El escándalo Fatty Arbuckle”, en el cual fue acusado de violar de muy mala manera y provocar la muerte de Virginia Rappe, una floreciente estrella invitada a una de las orgiásticas fiestas de “Fatty”. En sus cortos y mediometrajes, “Fatty” solía tener de partenaire a estrellas tan reconocibles como Buster Keaton o Charlie Chaplins.
Pueden verse alguno de sus más famosos cortos aquí.

El 15 de enero de 1947 una niñita y su mami se toparon con lo que parecía un maniquí roto. Los dos trozos de maniquí, eran en realidad partes del cuerpo desnudo de una joven. La habían seccionado limpiamente por la cintura. Los pechos lacerados estaban sembrados de quemaduras de cigarrillo. La boca había sido cortada en las comisuras en una horripilante sonrisa. La cabeza de la víctima había sido aporreada hasta hacerla irreconocible, pero eso no era lo peor. Había mutilaciones por todo el cuerpo, la más extraña era una profunda muesca triangular en el muslo izquierdo. El muslo había llevado antes el ornamento de un tatuaje. La autopsia reveló la tajada de carne allí donde estaba el tatuaje, oculto en lo más hondo de su anatomía. Marcas de ligaduras en las muñecas y la blanquísima piel de los tobillos indicaban que la muchacha había permanecido fuertemente maniatada una sesión de tortura, por lo menos durante tres días.
La intersección de la Spoth Norton Avenue con la calle 39, en la zona de Crenshaw, al suroeste de Los Angeles, no tardó en llenarse de policías, periodistas y curiosos: había nacido el caso de la Dalia Negra.
El ama de casa que había encontrado el cadáver aseguró luego haber visto pasar el faro de un coche que había acelerado al oír su grito. Dijo no recordar ningún detalle del coche.
En Washington identificaron las hullas dactilares de la victima. Se las habían tomado una vez, durante la II Guerra Mundial, cuando trabajaba en la cantina de Camp Cooke, California. Las investigaciones en el cuartel condujeron al paradero de su madre: Cabrige, Massachussets. Poco a poco iba emergiendo la historia de la victima.
Nombre: Elisabeth Short. Edad: 22 años. Altura: 1,65m. Peso: 48 Kg. Raza: caucasiana. Sexo: femenino. Descripción: pelo negro, ojos azules. Rasgos distintivos: una rosa tatuada en el muslo izquierdo.
Creció en Hyde Park, Masachusetts, sufrió una infancia acomodada como muchas otras y a los 18 años se largo a Hollywood, la tierra de la leche y la miel. No tardó mucho en caer en la prostitución. Aparte de su carnicero, el último en verla con vida fue el portero del hotel Bilmore, en la noche del 10 de enero de 1947, a las 22 horas, cuando la vio alejarse
Por Oliver Street, en dirección al sur, vestida con un sweater y pantalones negros.
Pero, ¿quién era realmente Dalia? Más tarde se supo que el apodo de la víctima se debía a su lustroso cabello negro, que solía caerle sobre la frente en ondulante copete, y a la costumbre de vestirse con jerséis y pantalones negros. No obstante, cuando se descubrió el cadáver, tenía el pelo rojo. Lo habían teñido con henné y se lo habían lavado con shampoo y peinado con esmero. Muerta, era la mujer escarlata. La maniática meticulosidad de todo ello era escalofriante. Había desangrado los restos hasta última gota y los había lavado en el mejor estilo kosher. Era obvio que el asesino deseaba dejar de sí una última imagen imborrable.
El informe del comisario fue lacónico. Calculaba que la víctima había sido torturada durante setenta y dos horas que probablemente terminaron con una metódica vivisección. Una vez drenada la sangre, había limpiado los trozos, lavado, teñido y peinado el cabello y, por fin, depositado las dos mitades de Elisabeth en el cruce de la calle 39 con la avenida Norton.
El hallazgo del cadáver puso en movimiento la mayor redada que recuerda el departamento policial de Los Angeles. Doscientos cincuenta oficiales mantuvieron entrevistas puerta a puerta en los alrededores del lugar en que se encontró el cuerpo. Falsas pistas y falsas confesiones lanzaron a los polis a un buen número de locas persecuciones sin objeto.
Hollywood está plagada de célebres y extrañas historias de sexo y asesinatos. Cuarenta años después, el caso de la Dalia Negra sigue siendo el más escalofriante de los crímenes de Tinseltown. La conexión de la Dalia con la industria del cine fue tangencial, a lo sumo la historia de un sueño irrealizado. Como miles de otras muchachas, había llegado allí para “entrar en el cine”. Su historia pertenece a la tierra de las sombras de Los Angeles, una zona de penumbra frecuentada hasta hoy por el misterio de su muerte. El asesinato de esa hermosa prostituta, a la que pusieron “fuera de combate” de modo tan horrible , estimuló a más de una mente enferma. Desde entonces, en los últimos años, más de medio centenar de hombres y no pocas lesbianas han “confesado” haber cometido vivisecciones.
En Confesiones verdaderas, un film basado en la novela homónima de Gregory Dunne, que recuerda vagamente el caso, el asesino queda encubierto por el policía Robert Duvall. En la realidad, nunca se llegó a saber quién había asesinado a la Dalia Negra.
Texto extraído del libro “Hollywood Babilonia II” de Keneth Anger.
Ámplia información con documentos policiales (en el FAQ estan en PDF), fotos, etc. puede encontrarse aquí. Fotografías de este crimen y de otros varios; aquí y aquí.
Se han hecho diversas películas acerca del caso. De notable mención son The black Dahlia de Brian de Palma, que esta muy bien, y Black Dahlia de Ulli Lommel, que es una puta mierda.
Otra que parece ser más fiel a los contecimientos es Black Dahlia Movie de Ramzi Abed.