
En Lecciones de amor en Suecia (I´ll Take Sweden, Frederick de Cordova, 1965), el abnegado padre Bob Hope no soportaba que su hija (la siempre desaprovechada Tuesday Weld) tuviera como novio al vago y libertino Frankie Avalon, quien sólo pensaba en pasarse los días de juerga sin dar un palo al agua y, por consiguiente, resultaba el yerno menos indicado para un señor de tan amplios valores como Hope. Un oportuno viaje a Suecia, le hacía ver que, en el fondo, la cosa no estaba tan mal como él pensaba. Aunque Lecciones de amor en Suecia (una más que correcta comedia, dicho sea de paso) tiene sus dosis de playa, bailes, chicas en bikini y música pop, lo cierto es que no llega a los extremos de otras películas paradigmáticas de esta tendencia que tanto se extendió a lo largo de los años 60. Sin embargo, tiene un aspecto digno de señalar que, en parte, delimita y hace ver los derroteros por los que esta especie de subgénero transitó a lo largo de casi una década de existencia: el protagonismo compartido entre Bob Hope y Frankie Avalon. Ello no es, en absoluto, circunstancial, sino un dato muy revelador de la auténtica idiosincrasia de estas producciones: un marcado conservadurismo envuelto en la más absoluta apatía hacia todos los acontecimientos sociales que marcaron uno de los períodos ideológicamente más comprometidos del siglo XX. Bob Hope, como paradigma de la moral tradicional, asentada por su incondicional apoyo al ejército durante la Segunda Guerra Mundial y de su aclamación popular hasta el punto de verse convertido en un símbolo nacional, otorga una vena profundamente reaccionaria a un film sólo en apariencia vinculado a la juventud, ya que Frankie Avalon (por esbozar una analogía, otro símbolo, en este caso, de los veinteañeros) se pliega completamente a los designios y exigencias de Hope, con el único condicionante de seguir con su vida ociosa y festiva. Ésta, de hecho, es una de las características más notorias de éste tipo de cine.
En efecto, en ninguna de las películas que asentarían su presencia en las carteleras se hablaba de la guerra de Vietnam, de los problemas raciales, de los convulsos momentos políticos en Estados Unidos o del cambio que se estaba operando en las nuevas generaciones. Nada de ello importaba lo más mínimo. A lo único que tenía que atender la juventud es a ligar en las playas con las chicas guapas y a disfrutar de cálidas noches escuchando la (para los oídos de un Bob Hope) estridente música que estimule sus caderas. Frankie Avalon (como ya se ha visto, un mero comparsa de la moral tradicional) se convierte en el estandarte de estas producciones de bajo presupuesto, celérico rodaje y consumo inmediato. En Escándalo en la playa (Beach Party, William Asher, 1963) coincide por primera vez con otra presencia habitual del género, Annette Funicello, una morena pizpireta reciclada inmediatamente al medio televisivo al finalizar sus años dorados. Ambos, con la inestimable ayuda de los avispados productores de la AIP (responsables de buena parte de estas cintas) llevan la apatía ideológica a los espectadores coetáneos, blandiendo un espíritu de directo pasotismo ante la coyuntura social que los envuelve. Su posición de “rebeldía” ante las normas establecidas y el consiguiente choque general es completamente superficial, desprovisto de elementos verdaderamente críticos. La sencillez de las historias y la constante presencia de respetados intérpretes como necesario vínculo hacia el cine anterior (Robert Cummings, Brian Donlevy o el gran Buster Keaton), responden a su necesidad por ofrecer un falso espejo de conformismo en una sociedad creada ex profeso para estas películas.
Vistas hoy, sin embargo, producciones como Pajama Party (Don Weis, 1964) o Muscle Beach Party (William Asher, 1964) tienen un valor cercano a la paleontología. No porque estos films se hayan quedado irremediablemente viejos (ya lo eran, de hecho, a comienzos de los años 70, apenas un lustro después de su exhibición comercial), sino por su radical extensión de lo caduco. Resulta hasta cierto punto lógico su espíritu frívolo e insignificante y, de hecho, es ello lo que acaba por conferir a estas producciones un teórico valor, anclado en la escasez de pretensiones. Los años, de hecho, han provocado incluso mutaciones genéricas dentro de sus constantes, apareciendo como obras casi cercanas a la ciencia–ficción. Primero, porque no se puede exponer una visión tan inocua de una parte de la sociedad si no es ateniéndose a preceptos completamente ficticios y fantasiosos.
Por otra parte, porque el surrealismo de sus situaciones (incluso las, aparentemente, más lógicas), unido a cierta tendencia al desequilibrio (y no solo cinematográfico) acaban por completar la vinculación genérica. Un buen ejemplo de ello se puede encontrar en las dos películas en las que intervino Buster Keaton: la mencionada Pajama Party y How to Stuff a Wild Bikini (William Asher, 1965). En ambas su personaje (él mismo, prácticamente) es un claro ejemplo de lo absolutamente marciano e irracional. Un oasis dentro de un inmenso desierto, cuya fusión con el resto del film no puede resultar más desconcertante acrecentando la sensación de hallarnos ante un tipo de cine que escapa completamente de cualquier elemento que lo una con la realidad. La secuencia de los créditos finales de How to Stuff a Wild Bikini, con Keaton bailando junto a un grupo de guapas muchachas en bikini, así lo asevera.
Años después, en Grease (Randal Kleiser, 1978), Frankie Avalon interpretaba a un ángel, producto de las ensoñaciones de Frenchy, quien le aconsejaba que no dejara los estudios o se arrepentiría el resto de su vida. Es decir, moral tradicional (seguir el camino dictado, simbolizado en los estudios) y desapego de la realidad (un ángel)…, por si quedaba alguna duda de todo lo expresado en los anteriores párrafos.
Joaquín Vallet Rodrigo.
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En Beach Party, un antropólogo va a vivir a una casa de las playas de California con el fin de estudiar las costumbres de la juventud de esa zona. Su actitud contraria hacia los chicos cambia cuando una jovencita se enamora de él y descubre que los chicos no son tan malos.
Bikini Beach reúne de nuevo a toda la troupe de jovenzuelos para otras vacaciones de diversion, surf y mucho rock. Alli descubren una peculiar tienda que resulta ser el cuartel general de Potato Bug, una estrella britanica de la cancion, que esta protegido por un inusual guardaespaldas, Lady Bug y sus tecnicas francesas de autodefensa.
Ambos películas dirigidas por William Asher entre 1963 y 1964.


Un joven fotógrafo mal acostumbrado al éxito se enamora de la fotográfica fortuita de una desconocida. Rastreara la ciudad de palmo a palmo para encontrarla y conquistarla mediante galanteos.
Comedia romántica para televisión ambientada en los coloristas años 70 y protagonizada por Anna Karina. Todas las escenas musicales están escritas por Serge Gainsbourg, dándole algo más de solidez al film.
Dirigida por Pierre Koralnik en 1967.


Un instituto estadounidense está siendo sacudido por una ola rockera que trae en jaque al cuerpo de profesores. La líder de todo estos es una chica admiradora acérrima de los Ramones. Para recuperar la disciplina y el orden en las aulas, la directora del centro, conocida por su mano de hierro, impone severas normas y arrebata a la subversiva líder un boleto premiado para ir a ver en concierto a los Ramones. La muchacha hará todo lo posible por ver a sus ídolos, llegando incluso a tomar el control de la escuela, convirtiendo a los Ramones en estudiantes de honor.
Comedia musical de 1979 dirigida por Allan Arkush con actuaciones, como era de esperar, de los Ramones.


Population: 1 juega con la posibilidad de que toda la población America este muerta y el único superviviente, refugiado en un bunker nuclear, se dedique a reconstruir su historia. A partir de esta premisa, Tomata Du Plenty, protagonista del film y cantante del grupo californiano de punk-electronico o Synthpunk “The Screamers”, nos introducirá en su particular late night show de visiones alucinógenas y ensoñadoras pesadillas con regusto a VHS.
En adición a Tomata Du Plenty, la película incluye actuaciones de notables artistas como Sheela Edwards, Beck (con tan sólo 12 añitos), Vampira, Penelope Houston, Al Hansen (una de las más importantes figuras del movimiento Fluxus), K.K. Barrett, y El Duce (lider y cantante del grupo Trash-Rock “The Mentors”).
Escrita y dirigida en 1986 por Rene Daalder, conocido también por su obra anterior: Massacre at Central High.
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El teclista y compositor Sun Ra (1914-1993) es un caso único entre los músicos de jazz. Nacido en Birmingham, aunque nunca tubo un certificado de nacimiento legal y él mismo afirmaba que procedía del espacio y que era un ser celestial. Tomado por loco y charlatán, tachado de tosco profeta y farsante empedernido, a Sun Ra le costó acallar todos esos veredictos para hacerse un lugar de privilegio en un mundo sonoro.
Sun Ra aprendió muy pronto a escribir música con un formato que permitía exhibir el talento individual de los miembros de su “Arkestra”, Por otro lado, Sun Ra fue el primer músico de jazz en tocar los teclados electrónicos (1956), el primero en intentar la improvisación colectiva con el formato big band, y su preocupación por el viaje espacial como objeto de sus composiciones se anticipó en más de 15 años a grupos como Weather Report. Y todo esto por parte de alguien que incluso rehúsa citar a la tierra como su planeta natal y prefiere decir que ha llegado de Saturno. Como Sun Ra explicó una vez, “Nunca quise ser parte del planeta Tierra, pero estoy obligado a estar aquí, así que todo lo que hago por este planeta es porque el Amo-Creador del Universo me obliga a hacerlo. Pertenezco a otra dimensión. Estoy en este planeta porque la gente me necesita”.
En los años 40, Sun Ra se convirtió en arreglista de shows en el famoso club nocturno de Chicago, el Club DeLisa, y tocó con la banda dirigida por Fletcher Henderson. Henderson era el arreglista de la Benny Goodman Orquestra a la vez que de la suya propia, y fue una gran inspiración para Ra, animándole a seguir escribiendo. A principios de los 50, las composiciones más radicales de Ra pudieron ser tocadas por sus propios grupos, que llevaban vestuarios exóticos e instrumentos inusuales.
Sobre 1955, en Chicago, Le Sony’r Ra se había convertido en “Le Sun Ra” o Sun Ra, líder de la Solar Arkestra que también ha sido conocida por muchos otros nombres como la Myth-Science Arkestra, la Solar Myth Arkestra y la Omniverse Arkestra. Además de los saxofonistas Gilmore y Allen, la banda se enorgullecía de un buen número de músicos que han contribuído enormemente al jazz, como el bajista Richard Davis, el trombonista Julian Priester, el batería Clifford Jarvis, y el músico de viento James Spaulding. La Arkestra propiamente dicha comenzó como lo que se pensaba era una big band de hardbop -algo en sí mismo extraño- en los clubs Grand Terrace y Birdland, pero pronto empezó a incluir improvisaciones libres. Como tal, fue una influencia capital en los emergentes músicos de jazz de vanguardia de Chicago, como Muhal Richard Abrams, Henry Threadgill, y el Art Ensemble of Chicago.
Desde sus comienzos, la música de la Arkestra estuvo imbuida por la filosofía única de Ra, un sorprendente híbrido de ciencia ficción de la era espacial y los rituales cosmo-religiosos del Antiguo Egipto. Esta filosofía se encarnaba visualmente en los trajes llenos de color, las capas imitando a metales y los gorros espaciales que llevaba la banda -la única orquesta de jazz que llevaba un sastre en sus giras- y en la presentación en el escenario que normalmente incluía varios bailarines, buena cantidad de cantos en grupo (”Viajamos por el espacio/de planeta a planeta”) y, por lo menos, un recorrido de toda la banda en fila a través del público.
En 1960, Sun Ra trasladó su base terráquea a Nueva York, y en 1968 se asentó en Filadelfia. En ambas ciudades, como previamente en Chicago, la banda vivió y trabajó como un colectivo, con el núcleo principal compartiendo su cuartel general con el líder y asumiendo el papel de cosmo-amigos del maestro. Durante todos los años 60, Sun Ra continuó grabando para su deliberadamente mal distribuido sello Saturn y también en varias compañías europeas, a la vez que iba de largas giras que aumentaban la fama de sus actuaciones en directo. En años más recientes, Sun Ra ha vuelto gradualmente a la música del pasado cercano, aunque siempre filtrados a través de su deliciosamente descentrada perspectiva.
En una entrevista para la revista Jazziz, Sun Ra recordaba “La gente creía que yo era una especie de chiflado con mis charlas sobre el espacio exterior y los planetas. Todavía hablo sobre ello, pero ahora los gobiernos gastan millones de dólares en ir a Venus, Marte y otros planetas, así que ya no es una chifladura hablar sobre el espacio”.
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La película “Space is the place” que aquí se trata, fue dirigida, en 1972, por John Conley y está protagonizada, como era evidente, por el propio Sun Ran. El asunto en si, viene a ser una especie de autobiografía, mezcla entre blaxploitation y Sci-fi y en donde Sun Ra le da por retornar a la tierra para combatir en favor de la raza negra. Los efectos visuales, la línea argumental conspiratoria y el afilado mensaje apocalíptico hacen que el film resulte atractivo desde el primer momento, todo esto sin contar con la excelente banda sonora.
En 1959 Edward O. Bland filmo en Chicago “Cry of Jazz”. Un experimento compositivo y de alto contenido político con la banda de Sun Ra, en donde el Jazz y la historia de la America más afroamericana son el hilo conductor de todo el metraje.
En 1981 Robert Mugge dirigió el documental sobre su vida y obra, “Sun Ra: A Joyful Noise”.
En esta dirección se puede descargar el disco que compuso en 1966 para la promocionar la popular serie de aquella época, Batman and Robin.


Un comerciante espacial, Cory McAbee, cierra en trato para llevar un embrión femenino a Júpiter. Una vez allí, a cambio recibirá un joven que deberá llevar a Venus, el planeta de las mujeres, para ser cambiado por el difunto rey del planeta, y regresar su cadáver a la Tierra, donde la familia del difunto ofrece una cuantiosa recompensa por el cuerpo. Aparte, un asesino rencoroso, debido a ciertas rencillas del pasado, seguirá de cerca al comerciante, haciéndole más abrupta su misión.
Cory McAbee, líder del conjunto musical “The Billy Nayer Show”, es el guionista, director, actor y compositor de este western musical de ciencia ficción. El film es bastante análogo a “Hedwig and the Angry Inch” de John Cameron Mitchell, en lo que a versatilidad artística y concepto creativo se refiere. Ambos Films fueron realizados en el mismo año, en 2001, siendo galardonados en numerosos festivales.


Una productora rebosante de deudas, deciden intentar salvarse de la quiebra realizando una producción algo subidita de tono, ¡El Primer Musical Nudista!.
Esta extravagancia comenzará con una serie de hilarantes audiciones, seguidas de un rodaje aún más delirante y desenfadado. Todos los numeritos musicales están llenos de sátira y cierto homenaje a época dorada de los musicales de Hollywood. Los protagonistas y encargados de todo el cotarro, los actores Stephen Nathan y Cindy Williams, acabaran medio enamorados, a la par que finalizan con éxito la película y salvan a la productora.
Musical medio de culto, al estilo de The Rocky Horror Picture Show, realizado en 1975 por Mark Haggard y Bruce Kimmel. Al parecer, en 2002 fue su 26 aniversario, lo que sirvió de excusa perfecta a las compañías para sacar al mercado una edición especial en DVD para frikis de medio pelo.


Tras el éxito de sus dos primeros disco, el cantante y performance griego Tzimis Panousis hizo allá por el 1983, su primera película O Drakoulas ton Exarheion, bajo la dirección de Nikos Zervos.
Este showman, comparable aquí en España con Santiago Segura o los Mojinos Escozios, tiene más de 12 discos editados, siendo allí en su país muy reconocido y aclamado. Se ve que el muchacho tiene mucho desparpajo, y eso hace que la gente lo adore. Algunos incluso han llegado a crear un club de fans estupendo.
La película es un total surrealismo cargado de sexo, cachondeo y rock and roll. En ella un científico, o algo así, crea una banda de rock a base de partes de cuerpos de músicos ya fallecidos.

Unas clases de swing con “Groovie Movie”. El verdadero desfase?comienza a partir de la mitad del documental-educacional.

Peliculón, con “rock’n'roll”, “terror”, “aventuras”, “actorazos”. Todo muy kitsch y saturado, sin quedarse cortos en ningín momento.
La película proviene de la industria de Bollywood, En la India, y en su momento, los años 60, se anunciaba como el primer film hindú de terror. Claro que al ser la primera, pues les quedo un poco deslucido el tema terror. Gumnaam se supone que es una adaptación de una novela de Agatha Christie y parte de la música esta compuesta por Mohamed Rafi, un hombre de mucho caché y que está la mar cotizado por aquella zona.
Otra escena muy conocida, por su aparición en la película Ghost World, es la de Jan Pehechaan Ho. Un buen sitio para comprar pelis hindues es Eros-Entertainment.