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El alma del hombre bajo el socialismo

Martes, agosto 24th, 2010
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Mercantil

“…Todo hombre debe de estar en plena libertad para escoger por sí mismo su trabajo. No debe ejercerse sobre él la menor coacción ni violencia. De otro modo, su trabajo no será beneficioso para él ni para los demás…
…Pues el reconocimiento de la propiedad privada ha sido, realmente, muy nocivo para el individualismo y lo ha empañado, por así decirlo, confundiendo al hombre con lo que pose. Ha descarrilado y deformado por completo el individualismo, señalándole como fin la utilidad material, y no el desenvolvimiento espiritual. A tal extremo, que los hombres han llegado a creer que lo importante es tener, olvidando que, en realidad, lo único importante es ser. Ya que la verdadera perfección de hombre reside no en lo que tiene, sino en lo que es…

…en una sociedad como la nuestra en donde la propiedad supone el máximum de distinción y trae consigo la categoría social, los honores, los títulos, la consideración, etc., el hombre, ambicioso de suyo, se señala, como objeto primordial, la acumulación de esa propiedad, y no cesa de acumularla, enojosa y obstinadamente, ni aun después de haber adquirido mucha más de la que precisa o puede emplear, gozar y hasta conocer. El hombre se matará a fuerza de trabajo con el solo objetivo de asegurarse la propiedad; y realmente, si se tiene en cuenta las inmensas ventajas que la propiedad trae consigo, ¿Quién podría asombrarse de ello? Lo deplorable es que la sociedad se halle edificada sobre tales cimientos que el hombre se vea obligado a una rutina en la que no puede desarrollar libremente lo que hay en él de maravilloso, sugestivo y delicioso; y en la que, por otra parte, no puede hallar el verdadero goce y la alegría de vivir…

…lo que posee realmente, lo único que posee, es lo que hay dentro de él, aquello que lleva en si mismo. Cuanto queda fuera de él no debería tener la más mínima importancia ni transcendencia. Suprimiendo la propiedad privada, tendríamos, por tanto, un individualismo puro, integro y magnífico. Nadie derrocharía neciamente su vida en la acumulación de las cosas y los símbolos de las cosas. Se viviría. Y vivir es lo más raro de este mundo. Pues la mayor parte de las personas no hacemos otra cosas que existir…

…toda autoridad es degradante. Degrada a los que la ejercen, y degrada a aquellos sobre los cuales se ejerce. Cuando se emplea de un modo brutal, violento y cruel, todavía puede ejercer un efecto saludable, provocando, o fomentando cuando menos, el espíritu de rebeldía y de individualismo que más tarde acabará con ella. Pero cuando se emplea con cierta suavidad, y acompañándola con dádivas y recompensas, es terriblemente desmoralizadora. Pues la gente, entonces, se da menos cuenta de la tiranía ejercida, y continua viviendo en una especie de bienestar grosero, como animales domésticos, sin comprender que están pensando con ideas ajenas, viviendo con arreglo a las pautas de otros, llevando, por así decirlo, ropa de segunda mano, y no siendo ellos mismos ni un solo instante. El que quiera ser libre – dice un profundo pensador – no debe someterse…

…barrer una plaza cenagosa durante ocho horas diaria bajo el azote del viento helado,  no cabe duda que es una ocupación penosa. Y barrerla con dignidad mental, moral o física, me parece hazaña poco menos que imposible; del mismo modo que barrerla con jubilo seria asombroso. El hombre ha venido al mundo para algo mejor que recoger basura. Todos los trabajos de esta índole deberían ser llevados a cabo por aparatos mecánicos. Y estoy seguro que así sucederá con el tiempo. Hasta ahora, el hombre ha sido, como quien dice, el siervo de la máquina, y no deja de ser trágico que, apenas ha inventado una máquina que realiza su trabajo, empieza ya a morirse de hambre. Esto, sin embargo, es el resultado de nuestro sistema de propiedad y de competencia. Así, en cuanto un hombre posee una máquina que lleva el trabajo de quinientos hombres, la consecuencia inmediata es la de quinientos hombres que quedan sin trabajo, comienza a pasar hambre, pierden sus codiciadas propiedades y terminan por dedicarse al robo o mendicidad. El propietario se asegura el producto de la máquina y lo guarda para sí, ganando así quinientas veces más de lo que debería ganar. En cambio, si dicha máquina fuese propiedad de todos, todos se beneficiarían de su trabajo…

…todo trabajo no intelectual, todo trabajo monótono y tedioso, todo trabajo repugnante, debería ser llevado por las máquinas. La máquina debe trabajar para nosotros en las minas de carbón y realizar todos los servicios de limpieza, y hacer de fogonero en los vapores y de barrendero en las calles y de mensajero los días de lluvia; en una palabra: todo aquello que es duro y molesto. Hoy día la máquina hace la competencia al hombre. En el futuro, cuando las cosas sean lo que deben ser, la máquina servirá al hombre…

…el egoísmo no consiste en vivir como uno cree que debe vivir, sino en exigir a los demás que vivan como uno vive…”

El alma del hombre bajo el socialismo, Oscar Wilde.

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Cuando, en 1891, Oscar Wilde publicó El alma del hombre bajo el socialismo logró irritar por igual tanto a sus aristócratas admiradores como a sus jóvenes amigos socialistas. En el ensayo, Wilde arremete contra la caridad y un malsano y exagerado altruísmo, culturalmente forzado, de la sociedad, que en vez de desarrollar sus verdaderos talentos, que ayudarían mucho más a todos, pierden su tiempo en tratar de solucionar los problemas sociales que causa el orden socio-político, sin eliminar su causa común, el capitalismo y el Estado según Wilde. También aboga por el desarrollo tecnológico que permita a los seres humanos trabajar menos tiempo y permitir a través de las máquinas, cada vez más avanzadas, dedicarse a actividades menos esforzadas físicamente y a cultivar la personalidad.

En una sociedad socialista libre, la gente tendrá la posibilidad de realizar sus talentos; el “socialismo por sí mismo”, escribe Wilde, “tendrá valor simplemente porque conducirá al individualismo”. En este trabajo, Wilde muestra, en el estilo paradójico e ingenioso que lo caracteriza, su visión anarquista: “Dondequiera que haya un hombre que ejercite la autoridad, hay un hombre que se opone a ella”.